Correr la maravillosa terapia

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La semana pasada, escuché en la radio y más tarde lo vi en la televisión, a un conferencista cuyo nombre no viene al caso, dicho personaje, hacía alusión a la necesidad que tiene el hombre y la mujer del siglo XXI de encaminar sus pasos hacia su bienestar, para lo cual ofrecía soluciones “mágicas” a través de la compra de objetos metálicos que según él lo llevarían por el camino de la felicidad, y la salud.

Cuando apague el televisor y me dispuse a descansar, en la soledad de mi recamara pensé en el maravilloso regalo que a nosotros nos ha regalado la vida, sí ese regalo que no se desgasta que no se nos pierde y que siempre está ahí dispuesto a ayudarnos en el momento en el que nosotros lo queramos, ese maravilloso regalo, esa maravillosa terapia es el correr.

¿Qué necesidad tenemos de buscar en otro lado lo que llevamos dentro? Me lo pregunto. Millones de hombres y mujeres en el mundo no podemos estar equivocados, algo debe de haber en el correr que desde hace treinta y cinco años hasta nuestros días, es común ver corredores y corredoras practicando esta simple pero tan importante actividad, que sin lugar a dudas los hace mejores.

Hace algunos años, durante mi diario correr, escribí un artículo que quiero compartir con ustedes, el artículo lo escribí hace muchos años, pero como el correr es intemporal, lo que digo en el es actual, en fin ustedes lo juzgaran si tengo o no la razón.

“Corro, corro, corro nuevamente lo puedo hacer, he dejado atrás los males que me aquejaban, sí estoy en movimiento, estoy vivo”. Es un domingo Pero no como cualquier otro, no ahora corro por el centro de mi ciudad, los coloniales edificios son testigos del valor que tuve para regalarme tiempo; hace escasa una hora, me asalto la duda ¿correr o no correr? Y ahora, lleno de voluntad y gusto por lo que estoy haciendo se que tuve razón en sacudirme la flojera, las malas vibras y todo aquello que nos trata de impedir hacer lo que nos gusta.

Ahora que encuentro esta rara soledad en el centro de ciudad, a mi gusto puedo correr por los arroyos vehiculares y por las banquetas, voy en dialogo constante conmigo mismo ¿estoy vivo? ¡estoy vivo! me lo digo una y otra vez, por momentos el correr, me es tan fácil como el volar para las aves, esas aves símbolo de libertad, ese sentimiento que en este momento me invade y me hace sentir bien.

Mi correr y mi libertad, me han llevado a un parque a un bosque o a cualquier otro lugar donde mi cuerpo y mi espíritu estén en contacto con la naturaleza y se enriquezcan.

Mi respirar es pausado, sé que mis órganos están recibiendo el oxigeno y eso me hace sentir bien, mi cerebro alimentado con sangre oxigenada, funciona mejor y hace que mi pensar sea más claro, mi cuerpo como una máquina perfecta se desplaza sin dolor, sin cansancio, para mí no hay tiempo, mi correr me ha permitido meditar en lo que soy y en lo que tengo, en estos momentos soy capaz de correr eternamente, soy parte del entorno, sí lo he logrado gracias al correr, me encuentro satisfecho y en paz… ¡Ah! Maravillosa terapia del correr.

Mi correr, mi deporte y todo aquello que mantiene en movimiento dentro de esta ciudad que poco a poco va acabando con nuestros sueños e ilusiones, se convierte en un algo doblemente importante.

Ahora que voy de regreso a casa, sé que soy diferente, mi correr me ha hecho mejor para mí y para los míos.

Amigos y amigas, llenos están los puestos de periódicos y librerías de revistas y libros donde te “venden” terapias mágicas, para mí, no hay mejor terapia que el correr, comprobado por millones de hombres y mujeres en el mundo.

Antonio Cortés Avila
Corredor de más de 100 maratones.
Poseedor del Trofeo Hemerodromos
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